Los planes de la peruana Carmen no son muy distintos a los de otras muchas mujeres de países andinos que, como ella, emigran a España para lograr una vida mejor y que ayudan, con sus remesas, al desarrollo económico de sus países.

Acaban, en su mayoría, trabajando como empleadas domésticas, limpiando hogares ajenos o cuidando de ancianos y niños, propiciando así la conciliación familiar en España cuando ellas se ven obligadas a dejar atrás, en su búsqueda de la prosperidad, un hogar roto.

“Son tres años que voy a perderme de la vida de mi hijo, ¡pero en esos años voy a darle también estabilidad!, resume Susana, de Colombia.

Sus experiencias están recogidas en el informe “Mujeres migrantes andinas”, presentado en Madrid por la ONG Intermón Oxfam y que denuncia la triple discriminación que sufren por ser mujeres, por ser inmigrantes y por estar empleadas en hogares españoles sin un pleno reconocimiento de sus derechos laborales.

Lo dicen las cifras

Según las cifras de la ONG, en 2009 el colectivo de trabajadoras andinas en España lo componían en torno a 128.000 bolivianas, 209.000 colombianas, 161.000 ecuatorianas y unas 68.000 peruanas.

El estudio recaba las opiniones de inmigrantes andinas tanto en España como en sus países de origen, desde donde, manifiestan, se ve más fácil el proceso migratorio de lo que en realidad acaba siendo.

Lo que las impulsa

Tras la decisión de emigrar hay, normalmente, motivaciones económicas, como lograr un trabajo mejor remunerado o una vivienda propia, ahorrar para la vejez, disponer de su propio dinero para no depender de sus esposos o poder darles un futuro mejor a sus hijos.

“Tendría que estar unos tres a cuatro años, tengo que ahorrar lo más que pueda. El dinero que gane lo voy a destinar para la educación de mis hijos… después para abrir un negocio y para refaccionar la casa de mi mamá”, explica Marina, de Bolivia.

Tomada la decisión, llegan los arreglos familiares -a quien confiar el cuidado de los hijos – y los económicos, porque, para viajar, las mujeres deben recurrir tanto a sus ahorros, como a la ayuda de familiares y a préstamos de entidades financieras.

Para que Amparo, de Perú, pudiera viajar a España, su hermana vendió su auto y le prestó el dinero que consiguió por él: “Quedamos en que al llegar allá y trabajar, le iría mandando cada mes”.

Menos sueldos, pero más remesas

En los cuatro países, las remesas de los inmigrantes contribuyen de forma primordial a la economía: en Bolivia y Ecuador exceden con creces la inversión extranjera directa, en tanto que en Colombia y Perú representan entre el 50% y el 60% de ésta.

Aunque suelen percibir salarios menores que los varones, las mujeres envían más dinero y con mayor frecuencia que sus congéneres: no sólo aportan alrededor del 60% de las transferencias, sino que además destinan aproximadamente el 40% de su salario, mientras los varones sólo envían cifras cercanas al 14% del mismo.

“Creo que la mujer manda más plata porque nosotras trabajamos para poder enviar plata, pero ellos tienen más riesgos de vicios, se enredan y los enredan”, argumenta Sandra, de Colombia.

El proceso para regularizar su situación administrativa en España suele durar unos tres años y en los esfuerzos por lograrlo tienen que soportar en muchas ocasiones situaciones de explotación laboral, como la vividas por Daisy, de Ecuador.

“Mi marido me decía: ‘aguántate por los papeles que ya te van a dar los papeles’; pero claro, yo quería salirme porque hacía cinco horas donde la madre, cinco donde la hija, son diez horas por trescientos euros”, cuenta.

Y es que el proyecto de retornar a sus países aparece estrechamente ligado a la documentación, que les da la posibilidad de regresar a España si las cosas se ponen feas./Agencia Efe/ Diario ADN